Al salir del recinto del Palacio Imperial en Kyoto, y nada más cruzar la acera, me encontré con un pequeño santuario dedicado a Wake no Kinomaru, llamado Santuario de Goo. Este templo, a pesar de las numerosas estatuas dedicadas a los jabalíes, no tendría nada de especial de no ser por lo que me encontré en su interior: la sesión fotográfica posterior/previa a una boda japonesa.
Las bodas japonesas tradicionales siguen la tradición shinto, valga la redundancia, y se celebran dentro de santuarios. En ellas, la mujer viste un shiromuku, que es el traje de novia tradicional, completamente blanco -el blanco simboliza pureza-: también los complementos, losy demás accesorios son completamente blancos.
Una de las partes más llamativas del shiromoku es el wataboshi (綿帽子) o el tsunokakushi (角隠し): el primero es una caperuza con forma ovalada, que se supone sirve para impedir que nadie salvo el novio vea la cara de la mujer. El segundo es también un complemento para la cabeza, parecido a un gorro, cuyo objetivo es esconder los “cuernos de los celos” de la mujer. Es la mujer la que escoge cual de los dos complementos decide llevar en su boda.

En la foto se puede ver a una novia japonesa en una sesión de fotos, en el Goo Shrine. Se aprecia perfectamente el wataboshi y su forma ovalada, y también el estilo del tsunokakushi, de blanco impoluto. El parasol de color rojo completa el vestuario de la chica.
En cuanto a los hombres, estos visten con montsuki (kimono negro de vestir), haori (la chaqueta del kimono), y hakama (pantalones del kimono).

¡Cuanta gente hay detrás de la cámara! Se nota que una boda, aquí y allá, siempre causa mucha expectación.
La primera vez que ves esos ropajes uno no puede evitar quedarse boquiabierto contemplándolos, pues son tan diferentes a lo que habitualmente vemos por Europa que llaman inmediatamente la atención. A lo largo del viaje fueron tres o cuatro las ocasiones que tuve de ver bodas tradicionales japonesas, y cada vez aprecié un detalle diferente. Además, en el templo de Sanjusangendo, coincidí mientras oficiaban la ceremonia, con los novios, los familiares y los monjes: lástima que no permitieran hacer fotos en el interior, ¡tendréis que viajar allí para verlo!
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